sábado, 19 de diciembre de 2009

Maíno o la delicadeza

A propósito de la exposición de Juan Bautista Maino en el Museo del Prado

Juan Bautista Mayno
A quien el Arte debe
Aquella acción que las figuras mueve.

Lope de Vega


Pintor sin duda apreciado, pero no popular”, como escribe Calvo Serraller 1, fue el italo español Juan Bautista Maíno (1581-1649) cuya obra casi completa -35 pinturas de las 40, aproximadamente, que se le reconocen o atribuyen- se expone estos días por vez primera en el Museo del Prado en una muestra que ninguna persona con sensibilidad artística debiera perderse.

Maíno, natural de Pastrana (Guadalajara), hijo de padre milanés, comerciante de paños, de natural aventurero, y de madre hispano portuguesa, se formó como pintor en Italia, estudiando con los grandes maestros de la época. Es evidente su doble deuda pictórica con el gran Caravaggio, de quien pudo ser amigo personal, y con el círculo clasicista boloñés de los Carracci y Guido Reni. Al volver a España, se produce en su vida, como en la de otros personajes de nuestro Siglo de Oro, pensemos en Lope, quien debió admirarle, un instante de cambio decisivo. Después de concluir las pinturas del retablo de San Pedro Mártir en Toledo -su obra maestra- siente la llamada de Dios y toma el hábito de la orden de predicadores (los dominicos). Enfrascado en el estudio de la Filosofía y la Teología, su producción será ya corta. No vivirá, sin embargo demasiado alejado de la Corte, pues será luego profesor de dibujo del futuro Felipe IV y a través del influyente Velázquez, a quien había favorecido en su juventud (lo mismo que a Alonso Cano), recibirá el encargo de pintar un gran lienzo “La recuperación de Bahía2 para el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. Maíno (los antiguos escribirán su apellido como Mayno), morirá en su convento toledano, a la edad de 70 años 3. Su recuperación como maestro del Barroco y la valoración definitiva de su obra 4 que incluye sobre todo grandes composiciones religiosas, pero también retratos y cuadros de pequeño tamaño hasta ahora poco conocidos, es posible y deseable que comience ahora, a partir de esta muestra cuyo catálogo, al precio prohibitivo de 58 €, (un buen “regalo de Reyes”) nos hemos quedado con las ganas de adquirir véase nota nueva 1.

La exposición muestra obras de temática religiosa de Maíno como el retablo de la Trinidad, encargado por Ana de Morales para el convento de concepcionistas de Pastrana, su ciudad natal e interesantes retratos como el del carmelita San Anabo, el del arzobispo José de Melo y sobre todo el “retrato de fraile” del Ashmodeam Museum de Oxford, posible autorretrato suyo. Mención aparte, dentro del género, merece el “Retrato de caballero5, único firmado por Maíno (a la izquierda, en el centro), que aún tributario de los retratos de El Greco, inevitable influencia, denota una paleta más cálida que la del cretense.

Lo que más me ha interesado de la obra expuesta de Maíno son sus cuatro grandes composiciones para el retablo de San Pedro Mártir de Toledo 6: la Adoración de los pastores, la Adoración de los Reyes Magos, Pentecostés y la Resurrección de Cristo, las llamadas Cuatro Pascuas, trabajos de enjundia en los que Maíno raya la perfección de su arte.

Estas pinturas que se han considerado siempre, la obra más significativa de Maíno y la que mejor define los componentes de su estilo, fueron contratadas a su autor en 1612, terminándolas solo un año más tarde. En estos lienzos es patente la influencia de Caravaggio, por ejemplo en el modelado, en el aspecto popular de las gentes (pastores, ángeles), en la exhibición de las plantas de los pies y en la colocación de las figuras. Otros aspectos, en cambio, como el fascinante colorido, recuerdan a Gentileschi. Personalmente me ha llamado la atención la belleza y delicadeza de los rostros, por ejemplo en la Virgen de la Adoración de los pastores y el gusto por los detalles y ornamentos, como en la Adoración de los Reyes Magos, el mejor de los cuatro lienzos. Nótese también el aprovechamiento espacial en las composiciones, no tan sencillo como aparenta.


La Adoración de los pastores. Retablo de las Cuatro Pascuas

Adoración de los Reyes Magos. Retablo de las Cuatro Pascuas


Pentecostés. Retablo de las Cuatro Pascuas
Importantes son también, a pesar de su menor tamaño, los lienzos que sin duda estuvieron en la predela del retablo: los santos Juanes, esto es, San Juan Evangelista en Patmos y San Juan Bautista en un paisaje. Aquí lo de menos son las figuras y lo que más importa el paisaje que ocupa la mayor parte de los cuadros y en los que se ve el aprovechamiento de Maíno en sus estudios romanos sobre el paisaje, “de allí proceden la serena y umbrosa belleza de esos horizontes, ordenados en bandas paralelas, con delicadeza clásica y serna melancolía, asi como la gama de entonaciones grises y verde tan característica7. Otras cuatro pinturas que se exhiben en esta exposición, Santo Domingo de Guzmán y Santa Catalina, San Antonio Abad en un paisaje y La Magdalena penitente pudieron también formar parte de este retablo, según la propuesta que se nos hace.


Propuesta de reconstrucción del retablo de San Pedro Mártir, según figura en la exposición: 1. Santo Domingo de Guzmán; 2. Santa Catalina de Siena; 3. San Antonio Abad en un paisaje; 4. La Magdalena penitente; 5. Pentecostés; 6. La Resurrección de Cristo; 7. La Adoración de los pastores; 8. La Adoración de los Reyes Magos; 9. San Juan Bautista en un paisaje: 10. San Juan Evangelista en Patmos.

El retablo de San Pedro Mártir debió causar asombro en la Ciudad Imperial por su monumentalidad, colorido fastuoso y concepción de cada composición como prueba el hecho de que fuera imitado posteriormente 8 Ponz, en su visita al convento e iglesia en 1769 alaba el retablo del que dice “es uno de los mejores que hay en Toledo” y respecto de las pinturas de Maíno escribe que “manifestó en ellas su gran ingenio de invención, conocimiento del claroscuro, dibujo y mucha práctica del color9.

En el retablo de la iglesia del convento dominico permanecieron las pinturas de Maíno hasta la exclaustración de los religiosos, debida a los decretos desamortizadores del ministro Mendizábal (1835). A partir de entonces los lienzos de las Cuatro Pascuas de Juan Bautista Maíno sufrieron un duro peregrinaje cuyo rastro me he ocupado en seguir, consultando las oportunas fuentes
10
Las disposiciones sobre supresión de monasterios y conventos de religiosos 11 contenían medidas de protección y salvaguarda de edificios, archivos, bibliotecas, pinturas y demás objetos artísticos de los establecimientos suprimidos, a pesar de lo cual no se pudo (o no se quiso) evitar la sangría de estas obras de arte que fueron muchas ellas objeto de la rapiña y de la destrucción. Para poner coto o freno a esta situación, el Gobierno de la Regente María Cristina encomendó a una Comisión Nacional o, lo que es lo mismo, a la Academia de San Fernando, la papeleta de salvar lo que se pudiese del patrimonio provincial de bienes desamortizados y traer a Madrid aquellas piezas más valiosas con las que formar luego un Museo Nacional. A este fin la Academia nombró comisionados para que viajaran desde Madrid a las provincias limítrofes. Uno de estos comisionados, de nombre Juan Gálvez, se desplazó a Toledo donde permaneció recogiendo “preciosidades “ desde marzo a junio de 1836. En estos cuatro meses colectó para el futuro Museo Nacional 91 pinturas de los conventos toledanos suprimidos, entre ellos los seis lienzos del retablo de las Cuatro Pascuas de la iglesia de San Pedro Mártir 12.

Con todos los cuadros y esculturas que se pudieron recoger, incrementadas con la colección de pinturas incautadas al infante Sebastián Gabriel, pasado a las filas del carlismo, 13 se inauguró el 24 de julio de 1838, el Museo Nacional de la Trinidad, “cosa no muy perfecta” sito en el Convento del mismo nombre en la calle de Atocha, a la altura de la Plaza Mayor, donde se expusieron al público 516 cuadros, entre ellos los del Padre Mayno, sobre los cuales José Madrazo escribía a su hijo Federico, recomendándole la visita:

“Verás del fraile Mayno ciertos cuadros, con varias partes, ejecutadas con una variedad prodigiosa en la imitación y de un modo tan detenido y concluido que parecen de los autores flamencos en grande”.

Los cuadros siguieron en el Museo de Pintura y Escultura de la Trinidad, que tuvo una azarosa historia hasta su fusión con el Museo Nacional del Prado por Real Decreto de 22 de marzo de 1872, pero hete ahí que, después de la fusión, el Ministerio de Fomento tuvo la “luminosa idea”, para librarse de los fondos que ya no cabían en el Museo del Prado, de cederlos en depósito a museos provinciales, iglesias, universidades y a otros centros de naturaleza variopinta, muchos de ellos sin vinculación directa con el Arte. Es lo que Pérez Sánchez llamó la “disolución” o mas bien la “vo
latización” de los fondos del Museo de la Trinidad. En ejecución de tan “inteligente” decisión, el retablo de las Cuatro Pascuas de Maíno quedó disperso. Dos de sus cuadros: La Adoración de los Pastores y la Resurrección de Cristo fueron a parar a la Biblioteca Museo Balaguer de Villanueva y Geltrú (1883), inaugurado en aquellos años y otro, el más desafortunado, primero a la catedral de Córdoba (1896), más tarde al Museo Arqueológico de de Toledo, donde sufrió graves daños durante la guerra civil, como puede apreciarse en la fotografía adjunta, que obligaron a reducir sus dimensiones, volviendo en 1939 al Museo del Prado y por último pasó al Museo Balaguer del que fue robado en 1981, volviendo a sufrir daños 14. El conjunto fue reuniéndose paulatinamente en el Museo del Prado hasta completarse en la década de los 80 del pasado siglo. En el catálogo de las Pinturas del Museo del Prado de 1985 ya figuran los cuatro cuadros .

¿Y como quedó el retablo de San Pedro Mártir despojado de las pinturas de Maíno?, me he preguntado, luego de mi visita a la exposición. He consultado lo que escribe a propósito Sixto Ramón Parro, 15 apenas veinte años después de la exclaustración de los frailes (1835), cuando se trasladaron a ese conjunto de edificios los establecimientos de beneficencia de Toledo (inclusa, maternidad, asilo, hospital), en 1846,y refiere este autor que “se llenaron los vacíos de aquellas preciosas pinturas en el retablo con otras destituidas completamente de mérito, que representan algunos santos de la orden de Santo Domingo, pero considerados objetos de arte es menester cerrar los ojos por no verlos” . Una referencia más próxima (1983) es la del Inventario Artístico de Toledo capital 16, donde viene una fotografía del retablo y la consignación del detalle de que “los lienzos representan, a la izquierda, Santa Rosa de Santa María, y San Vicente Ferrer, en la derecha, a Santa Inés de Monte Policiano y San Jacinto", sin mención de posibles autores.

No satisfecho del todo, me he plantado en Toledo (a media hora de Madrid, en AVE), con el propósito de ver el retablo y los frescos de Maino que todavía pueden contemplarse en el sotocoro y los dos nichos del presbiterio 17 pero, ¡ay de mi!, me he topado con la iglesia cerrada por obras, no se sabe por cuanto tiempo, (no he visto cartel que lo indique) y además, me dice una amable voz anónima, contactada por teléfono, que para visitar esta iglesia se necesita normalmente un permiso especial del Vicerrector de la Universidad de Castilla La Mancha, de la que depende el campus de San Pedro Mártir. Me he de conformar, pues con la visita a los claustros, confundido entre los estudiantes de Ciencias Jurídicas y en tomar una fotografía de la portada de la iglesia y de su bella torre mudéjar.

Menos mal -todo tiene su compensación- que al lado se halla la iglesia de los jesuitas (Plaza de Juan de Mariana) y desde su atrevido mirador se puede contemplar una extraordinaria vista de Toledo que da por bien empleado el esfuerzo de la ascensión a lo más alto de sus torres gemelas. La visita al interior de esta iglesia barroca, previo pago de 2,30€, resulta también interesante.
 


Por último, para cerrar este artículo, propongo al lector, dos ejercicios prácticos: a) la visita imprescindible a la exposición de Maíno (hasta el 17 de enero de 2010); b) la lectura voluntaria de la leyenda “El beso” de Gustavo Adolfo Bécquer, tanto por puro placer literario, como por la actual conexión de las pétreas figuras de sus personajes con la iglesia de San Pedro Mártir.

© Manuel Martínez Bargueño

Diciembre, 2009
 
Si te ha interesado este artículo y quieres preguntar, comentar o aportar algo al respecto, puedes escribir a mi dirección de correo electrónico manuelblas222@gmail.com con la seguridad de que serás prontamente atendido.

Difunde entre tus amistades este blog.

Gracias. Manuelblas.
VISITA MI NUEVO BLOG DEDICADO A MADRID http://manuelblasdos.blogspot.com


NOTAS

1. Francisco Calvo Serraller. Un candil en las tinieblas barrocas. El País, 17 de octubre de 2009.

2. En el catálogo de los Cuadros del Museo del Prado de Don Pedro de Madrazo (décima edición, 1910) figura este cuadro (885) como “sometimiento y pacificación de los Estados de Flandes”, con la indicación de que Mayno (sic) pintó este lienzo para el Saloncete de las Comedias del Buen retiro. En el Catálogo del Museo del Prado de 1985 (Pérez Sánchez) figura ya como “Recuperación de Bahía del Brasil”. El lienzo fue llevado al Museo Napoleón; devuelto de París en octubre de 1815, estuvo en la Academia de San Fernando desde el 30 de junio de 1816 hasta 1827, en que se trajo al Museo.

3. Según Ceán, el padre Maino murió en 1649 en el colegio de Santo Tomás de Madrid, a los ochenta años.
4 Entiéndase que la valoración de la obra de Maíno es para el gran público. Los especialistas han estado siempre de acuerdo en destacar a Maino como una de las figuras mas importantes del naturalismo español en el siglo XVII. Pérez Sánchez y Angulo han destacado que su conocimiento directo del arte italiano le llevan a un arte personal de un fuerte realismo, pero matizado por tonalidades claras que hacen su obra singularmente atractiva e original en un panorama artístico español, de comienzos del siglo XVII, rigurosamente tenebrista .

Nota nueva 1. En la actualidad (2012) se puede adquirir este catálogo en la Tienda del Museo del Prado al precio de saldo  10€. 

5. Este retrato de caballero (“no parece un español”, dice el catálogo del Museo del Prado) perteneció a la colección de pinturas del infante Don Sebastián Gabriel de Borbón incautadas en 1835 y devueltas en 1859. En el inventario de pinturas de esta colección de 1835 aparece descrito como “un retrato de medio cuerpo, bestido a la antigua”. Fue adquirido por el Museo del Prado en abril de 1936 a Don Cristóbal Colón, casado con una sobrina de don Alfonso de Borbón Braganza, con fondos del legado del Conde de Cartagena.

6. Podría no ser correcta la atribución del retablo a Juan Bautista Monegro, tal como he podido leer en la exposición. Según las investigaciones de Fernando Marías, la arquitectura del retablo y sus esculturas son de Giraldo de Merlo y su aparejo en 1611 de los ensambladores Miguel Tomás y Gaspar Cerezo.
 
7 . "El Toledo de El Greco". Ministerio de Cultura. Dirección general de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas. Ayuntamiento de Toledo. Diputación Provincial de Toledo. Fundación Casa Ducal Medinaceli.1982. p.172.
 
8 Tristán copió elementos de la Adoración de los Reyes Magos en el retablo de Yepres (Toledo) y Orrente incorporó en muchas de sus composiciones las figuras semidesnudas recostadas, inspiradas en Maino.
 
9. Antonio Ponz. Viaje de España , 1 (Tomos I-IV), Aguilar, 1988, p. 195.

10 La narración siguiente hasta nueva nota esta extractada del estudio “Arte y Nación. Apuntes para la historia del Museo Nacional” del malogrado profesor José Álvarez Lopera, en “El Museo de la Trinidad en el Prado”. Museo Nacional del Prado , 2004.
 
11. Real Decreto de 4 de julio de 1835, por el que se suprime la Compañía de Jesús; Real Decreto de 25 de julio de 1835 por el que se suprimen los monasterios y conventos de religiosos que no tuvieran al menos doce individuos; Real Decreto de 8 de marzo de 1836, de supresión general de monasterios y conventos y, finalmente, Ley de 22-29 de julio de 1837 de extinción de todos los monasterios, conventos, colegios, congregaciones y demás casas de religiosos de ambos sexos en la península, islas adyacentes y posesiones de España en África.
 
12.La devolución de la colección al Infante don Sebastián Gabriel se produjo en 1859.
 
13. Toledo era en esas fechas, según informes del comisionado, un zoco en el que frailes y monjas vendían a manos llenas a unos extranjeros que “so color en mi concepto de hacer algunas visitas y sacar motivos de algunos fragmentos están en esta ciudad haciendo negociaciones”. La situación debía ser semejante en otras ciudades como Sevilla, donde según testigos, las obras de arte vendidas a extranjeros circulaban “en carradas”.
 
14. En “El Toledo de El Greco” figura la información de que este cuadro estuvo depositado desde 1972 en el Museo Balaguer deVillanueva y Geltrú hasta el robo (grave atentado según el catálogo del Museo del Prado de 1985) de 1981, en que volvió a sufrir daños luego restaurados (p.175).
 
15. Sixto Ramón Parro. “Toledo en la mano”. Tomo II. Imprenta y librería de Severiano López Fando, 1857, p.61.
 
16. Inventario artístico de Toledo capital, Tomo I. Centro Nacional de Información Artística, Arqueológica y Etnológica 1983, p. 204.
 
17. En el muro de los pies, bajo el coro, se sitúa una Gloria con ángeles músicos que enmarcaban una imagen de la Virgen del Rosario, esculpida por Giraldo de Merlo. En el intradós del arco que sostiene el coro aparecen en ambos lados las figuras de Moisés y Aarón, con sus respectivos atributos, las tablas de la ley y la vara floreciente, portadas por niños. Sobre ellos en carteles sostenidos por “putti” se representan escenas de la “La zarza ardiente” y del “Encuentro entre Moisés y Aarón". En el centro, entre nubes, el Espíritu Santo y en la parte más extrema del arco discurre una franja decorativa de grutescos en pequeñas hornacinas donde se representan las virtudes teologales y cardinales teniendo en su centro a la Caridad. En los dos arcosolios se repiten, en mayor tamaño, a las virtudes cardinales, agrupadas dos a dos. Estos frescos corresponden, según el juicio de los expertos, a un momento no muy alejado de los lienzos del altar mayor y en ellos son perceptibles influencias de los maestros italianos Guido Reni, Saraceni, Elshesmer y Gentileschi, padre e hija. Naturalmente esto lo he leído,y así lo cuento, pero no lo he visto.


1 comentario:

Francisco Javier Martín Fernández dijo...

Hola:
Tienes fotos del interior de San Pedro Mártir en la actualidad en mi blog (www.elmiradero.es). Aún no he subido todas (son unas 200) pero sí la mitad aproximadamente de las que corresponden al interior de la iglesia, entre ellas alguna del retablo principal, tal y como está en la actualidad.